El verano pasado decidí hacer una serie de proyectos en mi hogar que venía postergando porque sentía que sería demasiado trabajo y que necesitaría ayuda. Te confieso que saqué las fuerzas de una desilusión romántica, necesitaba canalizar la frustración y el dolor que sentía. A modo de ‘terapia’ decidí emprender esta labor, como un regalo de mi para mí.
Prontamente me dí cuenta de que me faltaban algunas herramientas y equipo. Adquirí la noción en mis días de niñez (6-7 años) observando a mi papá trabajar en su taller, identificando por su nombre y función las herramientas, sirviéndole de ayuda. Y ya en la adultez a la cuidadosa observación que hago cada vez que lo veo haciendo un trabajo de reparación o construcción, es que tengo el conocimiento básico de saber que hacer y que, con las herramientas.
En los más de quince años viviendo en mi hogar solo tenía un escalón de dos niveles, apenas para alcanzar alturas medianas. No tenía una escalera segura y confiable con la cual llegar cómodamente a lo más alto. Como era posible que no se me ocurriera adquirir una mucho antes. Llegó la hora de la verdad, necesitaba comprar una escalera. Fui cuidadosa en la selección, necesitaba una que fuera lo suficientemente alta para alcanzar donde necesitaba llegar, que fuera liviana y fácil de manejar, y que cumpliera con los estándares de seguridad por aquello de cumplir con la voz de la arquitecta en mí.
Al fin dí con la escalera perfecta para mí. Demás está decirte que me facilitó el trabajo grandemente, me hizo sentir segura, me brindó el poder trabajar con apoyo y comodidad. A la par con este proceso decidí que era hora de organizar mi caja de herramientas la cual era un desastre (remanentes de una administración anterior jajaja). Compré una nueva caja, hice resaque y acomodé las herramientas que ya tenía y las nuevas que fui necesitando.
El nivel de satisfacción y logro que tuve cuando logré hacer todos los arreglos fue estupendo. Mi amiga Isandra fue testigo del proceso y de las anécdotas que fueron ocurriendo en mi aventura como ‘handywoman’.
Fue arduo sí, terminaba agotada sí, pero fue como una depuración, me ayudó a creer y sostener mi poder interno y la capacidad que tengo cuando me propongo algo. La mejor parte, ver el fruto de mi trabajo y el cambio maravilloso de energía en mi hogar.
Ahora me encanta cada vez que tengo que hacer algo en la casa y busco mi escalera para subirme a alturas donde mi corta estatura no llega. O cuando abro mi caja de herramientas que esta impecable, como buena virgoniana, todo organizado y en su lugar. Ambas me recuerdan mi capacidad de empoderamiento, de que puedo lograr cosas que, aunque parezcan difíciles son posibles.
Y bueno, la última adquisición, ¡¡¡un taladro!!!, nada más y nada menos que un regalo de mi padre jejej, quien con su gesto me valida que yo sí puedo. El taladro era la frontera del miedo para mí, ya no más tampoco.
¿Qué objeto en tu entorno te recuerda tu poder interno? ¿Qué has logrado que te ha brindado esa sensación de victoria y empoderamiento?
Yesenia
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